Hoy nos ha tocado a nosotros celebrar el Día de la Amistad con un almuerzo de Toy Story.
Comimos tanto que casi nos sale un muelle como a Slinky, y lo más difícil de la jornada fue no tirarnos al suelo gritando ¡Que viene Andy! cada vez que pasaba un profesor.
Después, la misión siguió en el patio con actividades sensoriales (donde más de uno terminó más manchado que los juguetes de un jardín de infancia) y recibimos la visita de los mismísimos Buzz Lightyear y Woody.
Al final, ni guardián espacial ni vaquero: los verdaderos héroes fuimos nosotros terminándonos todo el plato y aguantando la emoción.
¡Hay un amigo (y mucha comida) en mí!
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